El peligro de la zona de confort

Hacer cosas a las que no estamos acostumbrados es lo que nos lleva a aprender y a crecer como personas

Las personas nos quejamos con frecuencia de la rutina, pero lo cierto es que estamos acostumbrados a ella: más o menos nos levantamos a la misma hora, desayunamos casi siempre lo mismo, vamos al trabajo por el mismo camino, hablamos con la misma gente. Nuestra vida tiene un esqueleto básico sobre el que hay, a veces, cambios menores. Con esa disposición nos sentimos cómodos, y si nos cambian algo nos descuadran un poco los esquemas. El estado mental creado a partir de sentirnos cómodos con nuestra vida actual, con nuestras pretensiones, creencias y acciones es lo que en psicología se conoce como “zona de confort”. Todo aquello que está dentro de nuestra zona de confort lo podemos hacer muchas veces sin mayor problema y no nos produce una reacción emocional especial; en cambio, lo que está fuera de nuestra zona de confort nos incomoda, nos produce rechazo, nos provoca ansiedad. Este estado de las cosas que parece crearnos una sensación reconfortante de seguridad es, sin embargo, un estilo de vida estancado, enfrentado a cambios, incluso si estos son manifiestamente positivos para nosotros.

Permanecer en nuestra zona de confort es señal de conformismo, ignorancia, miedo, falta de confianza, falta de nuevas aspiraciones y falta de ambiciones. Una vez que llegamos a nuestra zona de comodidad, podemos tomar un leve descanso, pero hay que considerar que estamos en un escalón, y que existen otros escalones que subir. Salir de la Zona de Confort es una actividad muy importante para crecer como personas. Mientras que la mayoría de la gente se estanca, porque no les gusta cambiar sus rutinas, aquellos que de verdad persiguen sus sueños y están dispuestos a conseguirlo, saben que para lograrlo tienen que romper con sus hábitos, enfrentarse a sus temores, y hacer cosas que jamás pensaron que se atreverían a hacer.

Uno de los mayores peligros de la zona de confort es que para la gran mayoría  su zona de confort no es la mejor posible, es sólo que han considerado que no pueden aspirar a una superior. En muchos casos, lo que la persona considera como zona de confort, dista mucho de ofrecer un verdadero confort, prueba de eso son los millones de personas que no tienen ningún problema en trabajar con un salario mínimo a sabiendas de que ese ingreso no basta para tener una calidad de vida aceptable. En el mundo laboral es una típica conducta del asalariado sentirse a gusto o al menos seguro en su trabajo, convirtiendo su empleo en su zona de confort, aunque paradójicamente, no esté contento con las condiciones de su trabajo. Es esa zona de confort la que hace que mucha gente, aun estando descontenta con su empleo o situación actual, tema intentar salir de allí, pues consideran que siempre es mejor moverse en un ambiente conocido, aunque este no sea el mejor.

El problema es que cuando nos sentimos seguros [tal vez no a gusto] en un determinado sitio, seguirnos indefinidamente en el, impidiendo que progresemos, que al menos intentemos una mejor calidad de vida.

Para ser emprendedor, hay que olvidarse de las zonas de confort, pues estas son una trampa que impide el desarrollo, el crecimiento y el buscar nuevos horizontes.

No hay mayor limitación para el progreso que la comodidad, el conformismo, las famosas zonas de confort.

 

 

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